¿Que es un encuestador?

Quizás la respuesta a esa pregunta todo mundo se la sepa, son esos seres mitológicos que van y tocan a la puerta, como duendecillos traviesos, o que abordan a la gente en los centros comerciales, o pueden estar repartiendo muestras gratis de «x» producto en zonas públicas en busca de información. A veces pueden ser inoportunos, molestos, o pueden ser alguien con quien platicar sobre el tema que ellos buscan, a veces pueden llevar buenas o excelentes noticias, o ser tediosos con sus preguntas.

En fin, cada uno tiene sus propias respuestas. Lo que es cierto, es que ni son mitológicos, ni son inmortales. Son personas como ustedes o nosotros, como cualquiera, con necesidades, familias, y con ganas de trabajar.

Desafortunadamente vivimos una etapa en nuestro México lindo en donde la inseguridad y la desconfianza se ha apoderado de nuestra gente, por lo que se ha vuelto una actividad de alto riesgo. Es lamentable cuando vemos en las noticias sobre el secuestro de compañeros, o sobre el linchamiento de otros, al que las personas con pocos escrúpulos los han usado para desatar todas sus frustraciones contra inocentes personas que lo único que han hecho es trabajar para mantener a sus familias.

Además de lidiar con eso, también hay de cuestionarios a cuestionarios, hay algunos que son sencillos y amenos de llevar, tanto para el encuestador como para los encuestados, como otros que son tediosos, y tienen tantas preguntas como si fueran una enciclopedia de la vida. Y también hay de empresa a empresa, hay algunas empresas que se preocupan por el bienestar de su personal, hay otras a las que no les importa otra cosa que no sean los datos, sin importar si para sacarlos se tiene que poner en riesgo la integridad de los encuestadores.

Para tratar de paliar un poco con esa desconfianza, algunas empresas ya uniforman a sus encuestadores con casacas, además de una identificación, y el aviso correspondiente a las autoridades. Pero como en todos los trabajos, también hay empresas que siguen pensando que con sólo decirle encuesta a las personas que caminan en la calle, éstas se van a formar para darnos sus opiniones, nada más lejos de la realidad.

Dependiendo del cuestionario, muchas personas nos van a recibir con un rotundo «NO», he incluso puede que nos cierren la puerta en las narices si el cuestionario es repetitivo y tedioso, otros nos van a cancelar a la mitad, algunos nos van a cancelar cuando se le pidan datos socioeconómicos, y vamos a tener menos efectivas, pero para la empresa, los números deberían ser al revés, y los cuestionarios repetitivos y tediosos para ellos no existen.

El trabajo de encuestador puede ser duro y reconfortante a la vez. Por el lado bueno, se conoce como pocos al México profundo, al México que no sale en la Tv, o en las revistas de viajes. Se conoce a la gente auténtica, las costumbres, las tradiciones, las aficiones y los gustos de las personas de cada lugar. La gente amable, que a pesar de la desconfianza, nos invita a pasar a sus hogares, nos ofrece un vaso de agua, una fruta, un plato de comida, porque saben que el camino es arduo, riesgoso y cansado.

Se visitan lugares que de otra forma no se podrían visitar, porque no aparecen en los mapas del gran turismo, nos damos cuenta de que muchos lugares no son como los pintaban, o pueden ser mucho mejores. Nos damos cuenta de las necesidades, de las dolencias de ese México olvidado, de ese México fiestero, o de ese México alegre, pese a todas las penurias.

Entre otras cosas buenas, se logra un ambiente de camaradería, de trabajo en equipo, se logra un sentido de identidad, de saber quienes somos y a que vamos. Aprendemos a vivir como nómadas, a trabajar por el proyecto, independientemente de lo fácil o difícil que lo haga la empresa que nos contrate. Aprendemos a reconocer a las empresas con las que no hay que trabajar, por sus malos tratos o su dificultad para pagar, a hacer hogares de 1 semana o 1 mes, dependiendo de la duración del proyecto. De crear una segunda familia mientras estas fuera, sin descuidar a tu propia familia. Etc.

Si alguien me preguntara dentro de muchos años si volviera a ser joven, si me gustaría volver a las encuestas, sin dudarlo mi respuesta sería un rotundo: SI.

Atte: Aventuras de un encuestador.

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